Y así comenzó esta historia...

Imagen por highvron

Asistíamos a esta magnífica nunciatura que es la Academia y nos congregábamos por lo menos dos días a la semana. Aprendíamos de la palabra escrita en la rica historia de este destilado y de los maestros roneros, quienes predicaban con sabiduría y amor el arte de su oficio. Bebíamos el producto final de esta melaza y caracterizamos en vista, olfato y gusto su ADN.

Aprendimos haciendo. Aristóteles lo dijo: “Lo que tenemos que aprender, lo aprendemos haciendo”. Y así fue. En las prácticas de blending. Por aprender de armonías y qué ron acompañar cierto aperitivo, chocolate o habano. De la práctica en el laboratorio para visualizar a escala el proceso macro de la planta. De vivirlo en las visitas a nuestros productores y pasar de la “ficción” a la realidad. En la clase de coctelería con su teoría y práctica. La experiencia idónea donde llevamos a aprender y a deleitarse ese niño interno que tenemos ensayando con lo que nos gusta.

De los excelentes ponentes que nos visitaron y con una simple sesión trascendieron más allá el contenido de sus libros. Por contarnos lo que no cabe en un currículo cuando tienes una vida dedicada a lo que más te gusta. Por este “Know how” que nos transmitieron simplificando el estudio en la materia y avivando en nosotros aún más el interés en ella.

Por esas lecciones que se quedan y una de ellas la importancia de aprender, desarrollar o mejorar nuestro análisis sensorial. En otras palabras continuidad. Como un recordatorio que la práctica hace al maestro. Un argumento real para justificar un consumo frecuente pero responsable y de ahora en adelante promotor de arraigo e identidad por cada una de las casas productoras de ron que conforman esta magnífica familia D.O.C  made in Venezuela.

Muy importante este entre líneas. Ser porta voces y embajadores del Ron. Compensar la triste historia que lo envejeció sin un medio que le aportara el justo sabor, personalidad y cuerpo que se merecía. Exaltar su origen, tipicidad y cada uno de sus atributos para balancear de forma más justa su apreciación y valoración. Que su preferencia sea sinónimo también de prestigio social y calidad. Que la misma estimación que tiene un foráneo al degustar un ron nuestro la tengamos todos. No podemos presumir solo de ser un país con las mujeres más bellas del mundo. Tenemos mas premios internacionales en rones que coronas del Miss Universo. 

Finalmente, por este tipo de nunciatura a la cual quedamos encomendados y por todo este anecdotario vivido a lo largo de estos meses en la Academia de Sommeliers de Venezuela, descubres que ciertamente no fue por casualidad iniciar esta historia. Más allá de una curiosidad, un deseo y un emprendimiento por conocer. Había realmente una pasión.

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